miércoles, julio 01, 2009

La muerte y la creación

Hace unos 35 a 40 mil años nuestra especie, la única humana sobreviviente, poblaba casi todo el planeta. Los pocos millones de individuos, llegaron a los 8 cerca del fin de la prehistoria, eran seminómadas, cazadores y recolectores. El uso de las manos plasmando en un objeto o pintura lo que el cerebro imagina cierra un ciclo de varios millones de años de evolución tanto genética como la no genética influenciándose mutuamente: en ese cerebro se podía imaginar porque el uso de las manos en la fabricación de armas y utensilios en especies anteriores le había hecho crecer hasta poder plasmar lo imaginado. (Ver: Nuestro cerebro I, II y III)

Ya no se conocían entre sí ninguno de los descendientes del grupo original salido de África harán 65 a 70 milenios. Sin embargo, todos tenían algo en común: la evolución cerebral que hemos visto hasta ahora y la acumulación de conocimientos en cantidades muy lejanas a los simples primeros memes que nos transmitió la especie de la que evolucionamos. Ese mayor cerebro podía hacer mucho más que los simples razonamientos que pudieron tener las demás especies anteriores del género Homo. La evidencia arqueológica nos muestra una mayor frecuencia en la aparición de herramientas, armas, utensilios y adornos cada vez más perfeccionados junto a otros objetos o pinturas rupestres que reflejan la existencia de un pensamiento simbólico la cual podían representar materialmente y además tenían conciencia de lo que hacían. Los estudios en genética corroboran que las pequeñas mutaciones genéticas entre ellos y nosotros son irrelevantes como para un cambio de especie: podían entonces, igual que nosotros, aprender, imaginar, concienciar, buscar respuestas a sus dudas existenciales y aplacar sus temores. Sus conclusiones las condicionaban, como ahora, la cantidad de conocimientos que tenían. Es obvia esa diferencia. Esos se acumularon en nuestros circuitos neuronales hasta la invención de la escritura y aún después. Es un factor que ha contribuido mucho al aumento del número de neuronas y sus circuitos, a su vez producen esas nuevas cualidades. La supervivencia continúa siendo la razón o el por qué del Sistema Nervioso Central que ahora tiene nuevas armas: la conciencia y la imaginación, nunca vistas en otras especies.

Nuestro mayor y más profundo temor es a lo desconocido y lo que menos hemos conocido es la muerte. Experimentar la de alguien cercano nos ha producido en general, miedo (al concienciar la propia) gran dolor, soledad, sensación de vacío y tristeza. También, desde muy jóvenes somos conscientes que vamos a morir. Es exclusivo de nuestra especie. Sin embargo, en nuestras primeras decenas de milenios de vida, nuestra prodigiosa imaginación, que nos ha permitido disfrutar del arte (incluyendo la música) tener tiempo ocioso ( ver entrega anterior) también podía mitigar el problema de nuestro miedo existencial a la muerte. Para ello creamos un concepto: el del alma o espíritu. (Probablemente uno de los primeros de una larga lista de conceptos que hemos fabricado para hacernos más llevadera la cotidianidad.) Ese temor ancestral disminuye al imaginar que algo en uno no morirá. Además, se alivian las sensaciones depresivas por una muerte cercana, “sus espíritus siguen vivos”. Ahora bien, cómo los órganos internos son iguales o muy parecidos entre los animales ese espíritu debía estar en algo diferente: en el razonar, el amor, la creatividad, conversar y departir en felicidad o tristeza entre nosotros y demás que pasan a ser cualidades que lo reflejan, además fue considerado inmaterial e inmortal. Todavía después de tantos milenios esa misma creencia nos consuela ante la certeza de la muerte. No es sino hasta los últimos 5 a 10 años que descubrimos que esas cualidades eran funciones cerebrales, algunas del sistema límbico otras de la corteza cerebral pero principalmente de los circuitos neuronales elaborados entre todas. Conforme pasó el tiempo la creencia en espíritus se extendió a que otros seres vivientes y hasta inertes los poseían, también creamos conceptos sobre seres de origen inmaterial conviviendo con todos en esa vida sobrenatural que se enriquecía más y más. Así fue desarrollándose esa imaginación, que llegó a conciencia, colectiva: la unión al unísono de todas las imaginaciones individuales de un grupo. El concepto de espíritu fue la base desde la que creamos él de una vida sobrenatural.

Además, como toda herramienta que hemos fabricado (los conceptos son instrumentos mentales) nos da ventajas para nuestra supervivencia individual y colectiva: sí uno conceptúa que es protegido de alguna forma por un ser inmortal y superior tiene más posibilidades de sobrevivir ya que el organismo se prepara mejor para lo que venga. Lo mismo ocurre a nivel colectivo: los judíos han sido perseguidos sangrienta y mortalmente por mucho tiempo, su creencia en ser el pueblo escogido de una de esas ficciones inmateriales, los han hecho capaces de sobrevivir al acecho mortal del peor depredador que cualquier Homo sapiens pueda tener: otro(s) de nosotros. Las creencias judías en sus mitos les han dado identidad, fortaleza pero sobretodo: por y para qué vivir.

Las creencias son funciones cerebrales. Las pruebas con resonancia magnética funcional (RMf) [*] (que son las que nos han dado luz sobre todas esa funciones del cerebro) hechas a individuos a quienes se les expone a imágenes o temas relacionados con sus creencias se les activan circuitos cerebrales ya conocidos por los neurobiólogos. Hay en nosotros una respuesta orgánica a la creencia en los centros emocionales del sistema límbico: por ende, la creencia es una emoción. ¿Podría conllevar a que hubo en nuestra historia una presión selectiva que hizo que los individuos con esta capacidad biológica más desarrollada sobrevivieran más que los que no? El volcán Toba ubicado en una isla de lo que hoy es el archipiélago de Indonesia, que para entonces era un península, explotó hace unos 70 mil años y produjo un invierno volcánico cuello de botella de población: drástica caída del número de individuos de un grupo. Es una teoría, pero es congruente con los estudios genéticos del cromosoma Y que muestran ese declinar, también que todos los humanos que habitamos hoy la Tierra provenimos de un grupo sobreviviente hace 70000 en África. Posteriormente al fenómeno pareciera además que sobrevivieron los que tenían sus creencias más definidas. Lo que sí es cierto es que la cantidad de rituales aumenta, hay más rastros arqueológicos y más representaciones rupestres o en objetos, de esa vida sobrenatural porque aumentó nuestra capacidad para crear deidades: todos lo hacían y mayormente son zoomorfas. Debió haberse iniciado antes que partiera de África del grupo del que se originaria toda la humanidad actual puesto que no hay grupo humano que haya vivido en los últimos 10 milenios y que dejara algún rastro arqueológico y todos los del mundo hoy, que no haya tenido o tenga conceptos de divinidades a las que veneren. provocando a su vez un

De hecho, el más antiguo de los centros rituales de veneración está en África. Tiene forma de serpiente y se ha fechado en ¡70 mil años! Es interesante que todas las religiones antiguas y muchas que aún se practican tienen serpientes entre sus mitos, incluyendo pueblos de los que no se sabía de su existencia sino hasta los últimos 5 siglos: los aborígenes australianos que no necesitaron civilizarse, o las muy civilizadas de las Américas preeuropeas. Pero, en las primeras centenas de milenios de nuestra existencia no había religiones todavía, estas serían parte muy importante del próximo y espectacular paso que íbamos a dar. Por el momento solo creábamos conceptos de dioses en varios niveles dentro de él de vida sobrenatural. Muy posiblemente también desarrollamos la idea (o mejor dicho, la fantasía) de que éramos parte de un estado intermedio entre esa vida imaginaria existente solo al interior de nuestros cerebros y el resto de los animales y seres vivientes. Todavía muchos así lo entienden.

Y, ¡tenemos conciencia de ello! Tal vez no todos los miembros de la especie… pero los que la tienen la están difundiendo.



Referencias:


Barrantes, César. Mentis Liber http://mentisliber.blogspot.com/ , Blog


Eva mitocondrial: http://es.wikipedia.org/wiki/Eva_mitocondrial

Adán cromosomal Y: http://es.wikipedia.org/wiki/Ad%C3%A1n_cromosomal-Y

A Genetic Odyssey: http://en.wikipedia.org/wiki/The_Journey_of_Man:_A_Genetic_Odyssey


El ritual más antiguo

http://www.laflecha.net/canales/curiosidades/noticias/descubierto-el-ritual-mas-antiguo-del-mundo

http://www.sciencedaily.com/releases/2006/11/061130081347.htm


[*]En inglés y en PDF




domingo, junio 21, 2009

Prehistoria, la última especie humana: estructura social, conciencia e imaginación

El cerebro en los animales vertebrados, como vimos antes, es solo una de las varias estrategias evolutivas que tienen los seres vivos para su supervivencia y que actúa en conjunto con otras, sean unas garras o corazas protectoras. En los homínidos pasa a ser el órgano principal de la supervivencia: es su función principal y para lo que evolucionó como lo hizo. En nosotros desbordó esa función. La plasticidad cerebral, que pareciera ser una disposición exclusiva, le permite al cerebro cambios anatómicos con el consiguiente aumento y formación de nuevos y diversos circuitos neuronales. Que nos posibilitó imaginar y ser conscientes sobre nosotros mismos, nuestro entorno y agrandar la conciencia conforme aprendemos más y acumulamos conocimientos. Ello marca la diferencia con toda otra forma de vida existente o extinta. Los sapiens podemos imitar y perfeccionar cualquier ventaja para sobrevivir que tuviese cualquier otra especie y apropiárnosla. Aún lo hacemos. Para eso tenemos conciencia sobre su función: por y para qué sirve, la comprendemos; y también la imaginación: como y con que replicar y mejorar ese funcionamiento percibiendo mentalmente cual es el material necesario y como transformarlo.

Desde hace 6 millones de años nuestra vida ha transcurrido en pequeños grupos: el clan familiar ha sido la unidad social de todos los homínidos, en general con un macho alfa dominante, 1 ó 2 hembras alfa: las preferidas (aunque no las únicas) para el apareamiento con el primero; 2 ó 3 machos beta e igual numero de hembras beta y los hijos de todos con diferentes edades. No más de 15 o 16 integrantes que ha sido, en general, lo que la caza y recolección permitía alimentar. Más miembros implicaban un debilitamiento por hambre. Menos, perder brazos y fortaleza, amenazando también la subsistencia del grupo. Esta unidad básica repelía a cualquier otra parecida. Solo aceptaba hembras de otros clanes. Casi siempre robadas y con fines reproductivos. A un macho que se tomara prisionero de otro clan lo usaban para alimento. Con algunas diferencias esta fue la unidad social básica e incluye a los homininos. Sin embargo, en nuestro caso el apoyo de varios grupos familiares o de otra naturaleza, en busca de un objetivo común suavizó la hostilidad territorial entre clanes diferentes. Eran conscientes de la necesidad de unir esfuerzos por su ventaja para conseguir alimento y la defensa contra todos los depredadores, especialmente en tierras desconocidas. El grupo que salió de África e inició la migración costera por Asia, que varias generaciones después llegaría a Oceanía, lo hizo siendo mucho más que uno o dos clanes. Para poder sobrevivir debió estar compuesto en no menos de 500 miembros aunque no llegó a ser mayor a 3 ó 4 veces ese número.

Esta mayor sociabilidad a lo interno del clan y a lo externo, también fue obligada por el gran tamaño de nuestro cerebro. La evolución que tuvo, ya la vimos en los 3 capítulos de Nuestro cerebro, le provocó el gran aumento de volumen, mucho mayor capacidad y un enorme problema: para que un bebé sapiens atraviese el canal del parto debe nacer con su cerebro muy poco desarrollado. Por eso no es sino hasta el año cuando empiece a caminar y llegar por si mismo a su principal fuente de alimento: las glándulas mamarias de la madre. (Aún los chimpancés pueden caminar al poco tiempo de nacer.) Pero en general, aún no podrán valerse sin ayuda por 5 años más. La madre entonces debe proteger la supervivencia de la especie cuidando a sus hijos todo ese tiempo y se irá haciendo necesario que el padre provea alimento a la madre y a su descendencia, creándose una división social de género para el suministro energético así como vínculos afectivos fuertes y estables entre la pareja e hijos. Más que una elección consciente es producto de la selección natural y la presión evolutiva. Así se (en PDF) explicaría por qué el profundo enamoramiento que una pareja tiene al principio no dura toda la vida, más bien solo esos 4 ó 5 años. De todas maneras eso “de toda la vida” es algo irrelevante en épocas tan duras y peligrosas. Los individuos que alcanzaron llegar a los 30 años eran muy maduros y los ciertamente pocos que sobrevivieron hasta los 40, ancianos.

Aparecen en los yacimientos arqueológicos de los sapiens de épocas anteriores a la salida de África, objetos fabricados que no tenían utilización alguna para la supervivencia individual o del grupo: adornos, principalmente corporales. Arte. El más antiguo que se ha encontrado es un trozo de roca con pigmento de ocre de 70 mil años. No necesariamente fue el primero que haya hecho nuestra especie sino que como todo el resto de artefactos encontrados está hecho de material imperecedero: piedra. Tampoco quiere decir que no sea sino hasta entonces que se fabricaron objetos ornamentales, probablemente usaron materiales perecederos anteriormente e indudablemente después. Lo que sí denota es que nuestra nueva especie hominina gasta energía y tiene tiempo en fabricar objetos para su goce. Sobrevivir ha dejado de ser un asunto individual. El grupo se encarga de ello y si es necesario con la unión de varios otros. Un individuo entonces puede usar su imaginación y habilidades en fabricar objetos que le den placer estético, que le recuerde vivencias o que le refleje lo que su cerebro imagina. Tiene la capacidad de ver en una roca ya no solo un arma o herramienta sino algún objeto que le emocionará al acabarlo. Son manifestaciones de un pensamiento simbólico. Ya no hay vuelta atrás, el cerebro dejó de usarse solo en la supervivencia que es por lo que ha existido. (Ver: Nuestro cerebro I, II y III.) La imaginación y la conciencia, que entonces eran unas funciones cerebrales novedosas, originadas por la selección natural y la evolución, ¡hicieron la diferencia! Siguen haciéndola.

Por eso, en la gran migración prehistórica de nuestra especie, después que llegó y pobló la antigua península en lo que hoy es el actual archipiélago de Indonesia pudo construir balsas rudimentarias, seguramente del abundante bambú que hay en la zona y así atravesó el mar que lo separaba de la actual Australia, harán unos 45 a 60 milenios. Se han perdido los restos arqueológicos que lo puedan corroborar objetivamente por la subida del nivel de los océanos cuando acabó la última glaciación, pero, ¡sí!, realmente pobló esa isla continente y debió atravesar una distancia muy considerable de mar como para hacerlo a nado. No hay dudas, ¡todavía está allí! Es ese grupo humano que conocemos como aborígenes australianos y las pruebas genéticas contemporáneas que se les han hecho nos muestran que según la teoría más aceptada, su origen está en el mismo lugar que él de quién haya leído hasta aquí, del que no lo hizo, del mío, del europeo, asiático y americano primitivo así como el de todo otro Homo sapiens del planeta, vivo o muerto: en África.

Y, ¡tenemos conciencia de ello! Tal vez no todos los miembros de la especie… pero los que la tienen la están difundiendo.


Referencias

Gräslund, Bo: Early humans and their World http://books.google.co.cr/books?id=kho-f2VmMbkC&lpg=PA136&ots=paAx24wLin&dq=social%20structure%20early%20humans&pg=PA147 Publishing, Inc. First American Edition. 2003

BBC The Day We Learned To Think (transcripción del programa, ingles.) http://www.bbc.co.uk/science/horizon/2003/learnthinktrans.shtml



jueves, junio 18, 2009

Caminando con los cavernícolas - Parte 4

En la última entrega de la magnífica serie de la BBC: Walking with Cavemen el largo viaje del proceso de hominización llega a las 2 especies con mayor cerebro de todos los vertebrados. Homo neanderthalensis y nosotros Homo sapiens.